lunes, 25 de octubre de 2010

Fragmentos de una Batalla: Capítulo VIII

VIII REFLEJOS


Cuanto más diferente, más parecido.

Dicho sodaita


Karadrag detuvo el sable del desconocido con su espada corta. El impacto, fuerte y bien medido, hizo que el arma saliera despedida, quebrando tejas y resbalando hasta la calle. Eso no hizo que el asesino del general Zelnistaff se detuviera. Sus hábiles manos hurgaron bajo la negra capa bajo la que se ocultaba, mientras sus pies le llevaban unos pasos más allá de donde alcanzaba la curvada arma de su oponente. Dos dagas surgieron con ellas, en teoría insuficientes contra el arma de su risueño enemigo. La primera salió despedida, en un ataque tan letal como el de una víbora.
El sonriente individuo hurtó el cuerpo al tiempo que golpeaba, sin permitirse tampoco un instante de duda. Karadrag tuvo que agacharse y casi caer, lanzando un tajo a su vez contras los pies de su rival. Este saltó con agilidad felina, sin que eso le hiciera caer. Sus botas blandas golpearon contra el tejado. La arcilla se quebró bajo ellas. Más trozos cayeron a la calle. El sable resplandeció, llevándose consigo un girón de tela. Aquel no era un viajero ni un soldado corriente. En su porte, en sus gestos…
—Eres uno de los nuestros —bufó el norteño, poniendo otro paso entre ambos, acuclillado sobre las tejas.
—¿Un sucio demiano? —se burló el otro. Desde luego no era aquello. Moreno de cabello y tez, de ojos oscuros y bastante flaco para lo que eran las gentes del norte, nadie le habría tomado por aquello.
—No, un asesino.
—A fe mía que lo soy…
Los timbales retumbaban y el ejército invasor se lanzaba contra las murallas. Demasiado pronto, como ya había advertido Karadrag, mucho antes de que el desconcierto provocado por Arros y sus saboteadores alcanzara su apogeo. Dhao, una fruta que había parecido madura estaba todavía verde para ser cosechada. Aunque la hoz ya había comenzado su trabajo y no podía ser retenida.
La quietud que había acompañado a aquellas palabras dio paso al movimiento. El sable hizo manar sangre de su brazo. La daga cortó la carne de su rival en las cercanías de una de sus rodillas, siguiendo la línea de la caña de la bota. Ambos contuvieron un grito, retrocedieron y contuvieron el aliento con los labios apretados. Tan parecidos y tan diferente al tiempo que daba miedo. No a ellos. Eran lo que eran y no temían a nada que no fuera la muerte. Y ellos eran la muerte.
En unos segundos, Karadrag midió a su oponente, sopesó sus posibilidades y tomó varias decisiones. El plan se había derrumbado como un castillo de naipes, aunque el ejército demiano tenía las bazas ganadoras. Que el permaneciera en aquel tejado, lanzando señales y controlando cada uno de los movimientos que se gestaban en el interior de la ciudad, no tenía ninguna importancia. Que perdiera la vida o cayera ante aquel tipo no tenía sentido alguno.
La capa del hombre del norte se vio convertida de repente en una suerte de ave nocturna que se precipitó contra el viajero sin que este pudiera evitarla. El asesino no se entretuvo en comprobar si se había enredado con ella o no. Ya había vuelto la cabeza cuando la gruesa tela envolvió las maldiciones de su enemigo. Sus piernas hicieron otro tanto. Resbalando, dejándose las posaderas en las tejas y corriendo a tramos, descendió por el tejado, entre una lluvia de tejas rotas.
—No merece la pena.
Karadrag se cortó las manos varias veces, con dolorosos tajos en sus palmas y dedos, pero eso tampoco le detuvo en su huida. Cuando llegó al extremo del alero, se dejó caer hasta la balconada que había justo debajo y de ella, con un movimiento fluido, casi líquido, saltó a la calle que se encontraba a apenas media docena de pasos más allá. Se ocultaría, escondiéndose antes de buscar a alguna de las unidades destinadas a sembrar el caos y unirse a ella para dar un matiz diferente a las misiones encomendadas.
Cayó en medio de la lluvia de barro cocido y roto, protegiéndose de los golpes con el antebrazo. En sus ropas destacaban las siluetas de varias dagas más, mientras el sudor se las pegaba al cuerpo. No necesitaba palparlas para saber dónde estaban. En el cinturón que le cruzaba el pecho, varios envases de metal conservaban en su interior una interesante colección de venenos. Dignos de un rey, sin duda. Con el tiempo adecuado, habría podido utilizarlos contra el sureño, pero extenderlos sobre el filo de sus armas llevaba tiempo y él no lo había tenido.
No hasta entonces.
Mientras se sumergía en las sombras, los dedos de Karadrag lucharon por abrir uno de aquellos envases, aunque la sangre que manaba de ellos y de la herida de su brazo hacía que estuvieran resbaladizos y que no pudiera asirlos con fuerza. Se sentía mareado y las náuseas le subían por la garganta, desde la boca del estómago.
El metal resbaló de su mano, rodando por la empedrada y oscura calle de Dhao. Los sonidos de la batalla parecían lejanos. El cantar de los timbales, los gritos de los moribundos. Todo se difuminaba en la distancia.
—Es tarde para ti —dijo el desconocido, surgiendo de las sombras que deberían haberle protegido. Una sonrisa radiante ocupaba su moreno rostro—. Es tarde para usar eso. Aunque yo ya tuve mi tiempo.
—Tú…
—Te he envenenado —susurró, interrumpiéndole del mismo modo que si le hubiera leído el pensamiento—. Aunque no morirás. No de inmediato. Pronto vas a tener muchas ganas de hablar. Yo escucharé lo que tengas que decir.

jueves, 21 de octubre de 2010

Unas breves notas

Y tan breves.

Voy a retomar Fragmentos de una batalla, así que atentos a este blog a partir de la próxima semana.

Tengo otros... dos proyectos entre manos. Uno colaborativo, el otro para que sea publicado el año que viene. También una portada que no termina de convencerme, pero que saldrá a flote antes de fin de año, eso seguro.

Más noticias aquí mismo no tardando demasiado.

sábado, 16 de octubre de 2010

Dos Coronas... próximamente

jueves, 14 de octubre de 2010

Entrevista en Crónicas Literarias

Aunque con varios días de retraso (culpa de mi vaguería natural y de la Hispacon al 50%), dejo aquí el enlace a la entrevista que me hicieron para Crónicas Literarias.

Gracias, Juande y Elena, fue un placer respoder a vuestras preguntas.

domingo, 3 de octubre de 2010

Entrevista en Scifiworld.es

Alejandro Guardiola me entrevistó para la versión on-line de Scifiworld a propósito de Urnas de Jade: Profecías. Podéis acceder a la entrevista completa pinchando aquí.



Por otro lado, las fechas van confirmándose y presentaré la novela en la Hispacon 2010 el domingo que viene (10 de octubre) a las 11 de la mañana. Hablaremos de esta última parte de la trilogía, de las anteriores y de los proyectos en los que estoy metido.
Y firmaré libros (a quien se deje).

lunes, 13 de septiembre de 2010

Irene Domínguez, Fra Norland

Aquellos a los que les haya gustado el trabajo de Irene Domínguez como ilustradora de (Per)versiones: Historia no pueden perderse su primera exposición fotográfica en solitario en España.

Fra Norland
(de la tierra del norte-desde la tierra del norte), tendrá lugar en la Biblioteca Pública Infanta Elena, Sevilla, del 1 al 15 de octubre, con todas las fotografías a la venta, para que podáis llevaros a casa las que más os gusten.

Podéis ver todo su material fotográfico aquí.



miércoles, 8 de septiembre de 2010

(Per)versiones: Historia

El segundo tomo de (Per)versiones ya está en imprenta. No es porque lo diga yo, pero este es mejor que el anterior. Lo hemos pulido más, hemos corregido la mayor parte de los errores del primero y nos ha quedado rico, rico (y con fundamento). En cosa de un mes, estará a la venta. Unos céntimos más barato que el otro. También 8 páginas de nada más corto. En versión digital por la patilla.

Una portada que es un lujazo, con una ilustración acongojante de Irene Domínguez:

Estad atentos al blog, porque irán cayendo novedades y algún adelanto en los días que quedan hasta que esté listo.

Fecha de lanzamiento: Octubre 2010
Número de Páginas: 232
Portada: Irene Domínguez
ISBN: 978-84-614-3090-1
Tamaño: 21x15
Prólogo: Teo Palacios
Precio: 11,19 € (papel) Descarga gratuita en PDF y ePUB.

Sinopsis de contraportada:
El concepto de Historia ha cambiado mucho a lo largo de la misma. La manera en la que hoy en día vemos lo que sucedió antes de nuestra existencia poco tiene que ver con la forma en la que lo veían nuestros antepasados. De la concatenación de fechas sin mayores explicaciones, hemos pasado a la más absoluta causalidad. Y aún más allá. En la Historia, las causas sencillas pueden dar lugar a múltiples e insospechados efectos y un suceso insignificante como el batir de alas de una mariposa puede tener consecuencias trascendentales, cambiando el curso de los acontecimientos. Este segundo volumen de (Per)versiones juega con esa variabilidad en la hasta ahora inalterable Historia. Reinterpretando sus hechos y verdades y, en ocasiones, cambiando sus causas y efectos. ¿Quién puede asegurar que no hayamos dado con los correctos?

Contenido:
Este volumen de (Per)Versiones lo componen un total de 23 relatos:
Ediacara (Héctor Gómez Herrero)
El evento Toba (Joseph Martin Brown)
La nariz de su majestad (Jorge Asteguieta Reguero)
Antes muerta que sin Sila (Virginia Pérez de la Puente)
El horror de la Galia (Moisés Cabello)
¿Tú también, hijo mío? (Laura Quijano Vincenzi)
Aníbal ante portas (Leonardo Ropero)
Llegaron de noche (Diana Muñiz)
Los herederos de Gengis Kan (Juan José Tena)
Mi querido señor H (Vanessa Benítez Jaime)
Almirante (Adolfo Rodríguez)
César o nada (Ricardo Montesinos)
Sic transit (Aintzane Eguiluz)
La hora de los héroes (David Prieto)
El rey que no quiso mandar (Juan Carlos Pereletegui)
Amor de madre (Juan de Dios Garduño)
El diario perdido de Van Gogh (Mario Manzano)
La mascota del Titanic (Manuel Osuna)
Merci beaucoup (Carlos Tosca Marín)
Flecha rota (Alejandro Guardiola)
Planeta rojo (José María Pérez)
Hay un gallego en la Luna (Alex V. Vegas (Uwe))
iGOD (Julio Igualador (Iulius))

Algún detalle más en cyberdark.