domingo, 1 de abril de 2007

Relato: Yente

Ya es suficiente, aunque, de todos modos, buen apretón, muchacho. No te importa que te llame muchacho, ¿verdad? A algunos les molesta, no están acostumbrados a ese nombre. No esperaba que fueras tan fuerte. Supongo que todavía estarás algo aturdido por el cambio, pero todos lo están, ¿acaso no lo sabías? Antes de que se te pase y te pongas histérico quisiera que te acercases a esa ventana que hay al otro extremo de la sala.
Eso es, acércate a la ventana y mira por ella. No, no te preocupes, hay un grueso cristal que te separa de lo que se extiende al otro lado. Mucho más grueso de lo que crees, la verdad.
No, no se romperá, tranquilo. ¿Lo ves ahora? Ciertamente es hermoso, pero no, no son estrellas, por eso no puedes reconocer las constelaciones.
¿Que qué son? Eso nos llevará algo de tiempo, pero ahora mismo nos sobra, ¿no te parece? Siéntate y hablemos, sí, donde tu quieras. Esa era una buena pregunta, pero sólo es la primera de las muchas que me harás mientras sigas aquí, aunque ya puedo adivinar cual será la segunda. Ese mar de luces y esferas titilantes que tienes ante ti no es el espacio con sus astros, no al menos como lo conoces, o crees conocerlo, y, como ya te he dicho, eso no son estrellas. No lo son, no al menos en ese sentido.
Son mundos.
Quizá no me he expresado bien, lamento haberte inducido a error. No se trata de planetas. Son Universos. Sí, así en plural. Lo que ante ti contemplas, rodeado de oscuridad y de nada y encerrados en esferas poco más gruesas que un sueño son miríadas de Universos perfectamente alineados, cada uno regido por leyes distintas, pero todos en un perfecto equilibrio, como las ruedecillas de un reloj infinito. ¿Conoces los relojes?
Perfecto, eso nos soluciona muchos problemas.
Bien dicho, aunque como ya te dije tu pregunta era previsible y falta de originalidad. No me negarás que preguntar donde te hallas no es el colmo de la originalidad, pero no es un mal comienzo, no señor, por algo se empieza. Te responderé, pero antes observa eso. Es algo que solo cada varios eones. Mira como dos de esos puntos se desvían y se arrastran uno junto a otro, como si se vieran atraídos por unas fuerzas gravitatorias que aquí carecen de sentido. Mira como durante unos preciosos nanosegundos pierden el equilibrio y una pequeña partícula salta de uno al otro para restaurarlo.
¿Qué no puedes ver eso? ¡Ah! Casi se me olvidaba que es demasiado pronto, pronto podrás, pues el conocimiento es poder y tú tendrás el verdadero conocimiento.
No, no he olvidado tu pregunta, muchacho impaciente, pero suponía que habrías encontrado la respuesta por ti mismo. Si puedo ver el Universo entero, o mejor dicho los Universos, ¿dónde me encuentro? Deberías resolver esa incógnita sin problemas.
Sí, muy bien. ¿Ves cómo no era tan complicado? Preguntando puede llegarse a cualquier parte, incluso a Roma, dicen algunos. Personalmente no sé a quién o qué se refieren, pero que vamos a hacerle.
Evidentemente no nos hallamos en ninguno de ellos, pues no podríamos ver el conjunto. Estamos en una, por así decirlo, tierra de nadie.
No, no se trata de una conjunción, ni de un portal entre mundos. Eso supondría que nos encontraríamos en varios de ellos al mismo tiempo y, lo que realmente sucede, es que no estamos en ninguno. Más que una encrucijada este es un mundo entre los mundos, aunque eso tampoco es demasiado exacto, porque no cumple algunas de las leyes básicas del resto.
Una especie de Limbo. Tal vez... sí, ese es un nombre adecuado.
¿Leyes? Sí, existen unas leyes comunes, pero tal vez he hecho mal en denominarlas así. Tu idioma me resulta bastante confuso y lleno de dobles sentidos. Son más bien principios de orden y no leyes impuestas por nadie en particular. Pensar que alguien pudiera decidir arbitrariamente como deben ser las cosas a una escala tan enorme es... ¿a ti no te resulta escalofriante?
Mira. Sucede de nuevo. ¿Lo has visto esta vez? La luz cambió de cualidad durante un instante y ese pobre ser se encontró donde no debería estar. Acabas de presenciar un viaje entre los mundos.
¿Qué dije que eso solo sucedía cada muchos eones? ¿Acaso piensas que no han pasado eones? ¿Minutos? Como ya te he dicho, algunas de las constantes de los mundos no se aplican aquí, en el “limbo”. Ahora o luego no tienen ningún sentido aquí y solamente la voluntad hace que esta conversación tenga lugar.
¿Qué voluntad? La mía la tuya, que más da ciertamente. Simplemente el ser ha pasado la barrera y ya no puede regresar.
Los que deben preocuparte son los otros pasos, esos que desgarran el tejido y hacen que los Universos circundantes se colapsen sobre si mismos y ardan como un bullente caldero de metal líquido. ¿He elegido bien el símil?
Sí, lo había utilizado antes. Me dijiste que conocías los relojes y los calderos bullentes suelen ser comunes a todos los mundos habitados por seres humanos que han alcanzado ese umbral tecnológico.
¿Quién soy? ¿Te refieres a ti o a mí? Respecto a ti poco puedo decir que ya no sepas, pero no te preocupes, porque dentro de un momento volveremos sobre el tema. Cada uno es quien es. De mí puedo hablar un poco más. Puedes llamarme Anciano y digamos que mi trabajo es observar esta pequeña parte del infinito.
¿No te es suficiente? Has de saber que no soy ninguna deidad, más bien soy algo así como un inspector de aduanas. ¿Hay inspectores de aduanas allí de donde vienes?
No, ya veo. Pensabas que era algo más, por alguna razón todos lo piensan. No, no o soy. Soy más bien un funcionario... o algo similar.
Bueno... parece que finalmente ha llegado el momento a partir del que las preguntas debo de hacerlas yo. Tal vez te resulten un tanto desagradables, pero poco puedo hacer al respecto. Sé quien eras y lo que eras, incluso sé lo que pretendías ser, pero debes comprender que debo cumplir con estas formalidades. Si te sientes más cómodo así, simplemente asiente o niega lo que vaya diciendo y así esto terminará más rápido. ¿De acuerdo entonces?
Vienes de un lugar llamado Drashur. Moriste asesinado... una ballesta. Debe ser una muerte bastante desagradable, aunque el que lo hizo era todo un profesional y apenas tuviste tiempo para sentir el dolor. Más de doscientos años de edad, extraordinario para un humano básico, eso explica porqué estás aquí.
¿Que dónde te hallas? ¿Las Alturas o el Abismo? No entiendo muy bien que quieres decir con eso, pero permíteme sacarte de tu error: esos lugares que has nombrado no existen.
Sí, claro que estás muerto, creo que acabo de decirlo. No, no soy la Muerte, ese es otro concepto erróneo. Ya encontrarás respuestas luego, hay tiempo de sobra para eso, ahora quien pregunta soy yo.