miércoles, 4 de julio de 2007

Deidades: Craj-Aid-Dal

Craj-Aid-Dal, el Señor de las Llamas, es el Dios del fuego. Adorado originariamente por tribus primitivas asentadas en las Llanuras Centrales y Timat-Alash fue adoptado posteriormente por grupos nómadas del Mar de las Dunas Grises como dios creador y máxima potencia. Actualmente sus adoradores se reducen a pocos millares entre los que se pueden encontrar a los Hirashim y algunos grupos de magos aislados, así como, supuestamente, a criaturas no humanas.

ORGANIZACION:
Los Hirashim se mantienen bastante independientes entre sí, ya que su religión apenas ha variado un ápice en muchos siglos. Cada uno de ellos mantiene un pequeño grupo de Hijos de Craj-Aid-Dal que a su vez predican entre los creyentes, aunque no pueden llevar a cabo rituales. Los rangos eclesiásticos entre los Hirashim implican la obediencia de unos hacia otros, aunque todos son considerados sacerdotes de pleno derecho. Una vez cada varios años los Hirashim son llamados por el Haimâ, o líder supremo, que habita en Nünth. Durante estas largas reuniones de varios días se dictan los preceptos en los que se espera que se haga mayor hincapie hasta la siguiente ocasión.

TEMPLOS:
Aunque hay algunos templos dedicados a Craj-Aid-Dal en los Cinco Escalones y el Mar de las Dunas Grises, habitualmente se trata de edificios ruinosos y abandonados a su suerte. Actualmente la mayor parte de las celebraciones y ritos de los Hirashim se desarrollan al aire libre, entre círculos y formas geométricas trazadas con llamas y grandes pebeteros de bronce.

RITUALES:

Comunes: Una vez a la semana, cuando el hirashim local lo considere más apropiado, se realiza una reunión nocturna de alrededor de una hora en la que se dedican cánticos y sacrificios (normalmente animales de pequeño tamaño) al Señor de las Llamas. Tras esto, el hirashim recita algunos pasajes, profecías o parábolas y pide a la deidad que sea generosa con los suyos.
Extraordinarios: Los Hirashim realizan pocas bodas y muchos funerales, que son por cremación, con grandes piras y profusión de óleos aromáticos. En el culto a Craj-Aid-Dal no hay ceremonias del nombre, en su lugar los padres del recién nacido visitan cada una de las casas de los alrededores y presentan a su hijo a sus familiares y convecinos con la siguiente fórmula seguida del nombre del pequeño: “Este es mi hijo, la sangre de mi sangre. El honor de los míos es ahora el suyo. Mi heredad la suya. El nombre de mis ancestros le pertenece”. Existen también ceremonias para el nombramiento de nuevos sacerdotes, que incluyen tatuajes y rituales extremadamente largos y dolorosos para los novicios.

OTROS SERVICIOS: Por más que el Haimâ haya tratado de evitarlo, muchos Hirashim e Hijos de Craj-Aid-Dal venden sus servicios como mercenarios. En las últimas décadas su actitud hacia este problema se ha suavizado ligeramente y se ha vuelto más laxa. Continua despreciándoseles dentro de las altas esferas, pero se les admite con recelo dado el escaso número de nuevos sacerdotes que entran a formar parte de sus filas. Lo único que se les exige es que mantengan su fidelidad a Craj-Aid-Dal, sus ritos y el espíritu y honor de sus ancestros.