domingo, 27 de abril de 2008

Relato: Jailhouse Rock

A continuación un relato o, al menos, el comienzo de uno. Llevaba varios días buscándolo y lo he encontrado hace apenas unos minutos. Era para un concurso, pero lo descarté. Éste, como algunos de los anteriores, también tiene canción incorporada.

La hoja de la navaja se desliza por su rostro, arrastrando con ella un sonido como de papel de lija y multitud de pelillos que caen sobre el lavabo. La música suena en el dormitorio, demasiado baja para que pueda entender la letra, aunque la música es inconfundible. Se detiene, dejando medio rostro cubierto de espuma, y va a subirla. Cuando regresa al baño, el espejo ha vuelto a cubrirse con el vaho de la ducha. Lo limpia a medias, usando la toalla y continúa con su trabajo. Lento, metódico, girando la cabeza y retorciéndose cuando el cristal vuelve a empañarse y sólo le deja un pequeño círculo libre. Tiene que limpiarlo varias veces más antes de terminar y dejar su rostro bien rasurado, pero, al final, lo consigue.
Eres el presidiario más guapo que he visto nunca, se dice, antes de dejar la hoja sobre el estante que hay bajo el espejo y pasar al pelo. El pelo también es importante, más que un buen afeitado y casi tanto como la ropa. Pero ninguna de estas cosas lo es tanto como la actitud. La actitud las sobrepasa con creces y es lo que debe primar. El Rey no se acobarda ante nada. El Rey es directo, franco y mira a los ojos. Si eso ni el pelo, ni el traje, ni el instrumento, valen un carajo. Por cierto, el peinado no le queda donde debería y algunos cabellos se le pegan a la frente con la humedad. Más peine, más minutos perdidos. Se mira al espejo, se apunta a sí mismo con el dedo y hace un chasquido con la lengua mientras sonríe. Ya está. Ahora a vestirse, el resto del grupo le debe de estar esperando y él no va a defraudarles.
La ropa le queda como un guante. La saca de la bolsa de la tintorería, limpia, inmaculada. Se la pone en cosa de un minuto, frente al espejo. La camisa, la chaqueta y los pantalones. El cinturón y las botas son lo último, junto con la estrecha corbata. Tiene que reconocer que las corbatas nunca han sido lo suyo. Cuando consigue hacer el nudo, gira el cuerpo y mueve las caderas. Perfecto. Coge la caja del instrumento y comprueba que esté bien. Es cierto que el Pequeño Joe es mejor con el suyo, no va a negarlo. Pero no tiene el suficiente estilo. Como Murphy, Henry, Bugs y el chico de Illinois, es bueno en el acompañamiento, pero nunca podría liderar la banda ni prestarles su nombre. Sin ellos no sería lo mismo, claro, pero, sin El Rey, la banda no existiría. Cualquiera se daría cuenta de eso.
Hace un último gesto al espejo del baño y sale por la puerta tras recoger la llave de la habitación. Camina por los pasillos enmoquetados del hotel casi sin hacer ruido, como un gato que se deslizara. Cuando llega a recepción, le dedica una sonrisa de medio lado a la joven que hay detrás y deja el abultado llavero de plástico. Ella se le queda mirando durante un instante antes de encogerse de hombros. Después, le da los buenos días y pone la llave en su casillero. El cuatrocientos setenta y tres, el de la habitación que pidió la noche anterior. Una manía más para su interminable lista. Se despide de ella y va al aparcamiento.
Su Cadillac le espera allí. Rosa y blanco, el modelo del cincuenta y cuatro. Reluce como si fuera nuevo. Antes de subir a él comprueba que nadie lo haya tocado. No, está perfecto. Todo es perfecto.
El banco que les aguarda esta mañana también lo es. El Rey sonríe para sí, dedicándose una mueca brillante y magnífica. La banda sabe la canción que debe tocar y él la dirigirá como debe.
Con una pistola de cachas nacaradas y un golpe de cadera.
Gira el dial de la radio y arranca. La música suena.



The warden threw a party in the county jail.

The prison band was there and they began to wail.
The band was jumpin' and the joint began to swing.
You should've heard those knocked out jailbirds sing.
Let's rock, everybody, let's rock.
Everybody in the whole cell block
was dancin' to the Jailhouse Rock.

Spider Murphy played the tenor saxophone,
Little Joe was blowin' on the slide trombone.
The drummer boy from Illinois went crash, boom, bang,
the whole rhythm section was the Purple Gang.
Let's rock, everybody, let's rock.
Everybody in the whole cell block
was dancin' to the Jailhouse Rock.

Number forty-seven said to number three:
"You're the cutest jailbird I ever did see.
I sure would be delighted with your company,
come on and do the Jailhouse Rock with me."
Let's rock, everybody, let's rock.
Everybody in the whole cell block
was dancin' to the Jailhouse Rock.

The sad sack was a sittin' on a block of stone
way over in the corner weepin' all alone.
The warden said, "Hey, buddy, don't you be no square.
If you can't find a partner use a wooden chair."
Let's rock, everybody, let's rock.
Everybody in the whole cell block
was dancin' to the Jailhouse Rock.

Shifty Henry said to Bugs, "For Heaven's sake,
no one's lookin', now's our chance to make a break."
Bugsy turned to Shifty and he said, "Nix nix,
I wanna stick around a while and get my kicks."
Let's rock, everybody, let's rock.
Everybody in the whole cell block
was dancin' to the Jailhouse Rock.

Jailhouse Rock, Jerry Leiber y Mike Stoller